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El Primer Cuento

Desde hacía muchos siglos que se sigue la tradición de contar cuentos en mi país. Quién me enseñó todo lo que sé fue el mejor cuentacuentos que he conocido, y sí, he buscado mejores. Os voy a contar de una vez en la que yo aun era muy pequeña, estaba en una clase al lado de la playa junto a este gran narrador...

-Sofía, hoy tú vas a contarme un cuento -Y yo, asustada, no sabía qué decirle... Por que de
hecho, no sabía nada de nada. Ni como hablar ni imaginar cosas. -Sofía, tu vida es un hermoso cuento, es un gran libro que tú sola puedes escribir, pintar y soñar. Tranquila, yo te voy a ayudar... Yo empiezo, ¿vale? -
-De acuerdo... -Dije esa vez, sin aun comprender lo importante que iba a ser el siguiente capítulo para mí. El cuentacuentos carraspeó unos segundos, cerró los ojos, abrió, y listo. Empezamos.

"Cuando Sofía entró a su pieza, enojada con todo el mundo, nunca pensó que se iba a encontrar con lo que se encontró. Quiso gritar pero alcanzó a tapar su boca con sus manos. Intrigada al ver a tal ser, Sofía no pensó en nada más sensato que decir... -¿Hola?-El ser verde la miró detenidamente, pero no dijo nada -¿Qué eres?-Dijo Sofía, fue ahí cuando el supuesto príncipe dijo...

-Soy el príncipe Rana, No una rana como cualquier otra, ni un príncipe como muchos que se hacen llamar así. Yo soy "El príncipe rana" un ser como ningún otro, pero que se confunde con cualquiera que intente hacerle contraste, pues no soy nada especial, nada especial hasta tú te darás cuenta de que no lo soy... ¿no? -Sofía lo miró sin entender
-Sinceramente, si creo que eres especial... Eres la primera rana de sangre azul que he conocido. ¿Te vuelves todo un príncipe con un beso? ¿O son solo cuentos de hadas? –
-Son solo cuento de Hadas dama mía, yo ya soy un príncipe, no me transformaré con un beso, pues a los verdaderos príncipes como yo aunque parezcan ranas todo esta en conocerlos, el mito del beso a la rana que se transforma en príncipe es la ironía de las damas que han equivocado el rumbo de su corazón para con un hombre que se disfrazo de príncipe pero solo era una rana.-

Sofía guardo silencio. No sabía que decirle, pero sabía que tenía razón. -Y... ¿Que haces en mi pieza?-Preguntó cuidadosamente, espero una respuesta... Pero el príncipe rana no habló si no esta mucho tiempo después...

-Estoy aquí pues el vacío me ha enviado a verme en mi espejo, pero yo no tengo espejo, ante esto los oráculos me han dicho que lo busque, y le comenzado mi propia cruzada en busca del espejo que muestre mi cara.-

Sofía le sonríe. -¿Porqué esa mueca?-Le preguntó el príncipe rana, sin embargo Sofía decidió que ahora era ella la que iba a demorar su respuesta y simplemente lo miró a los ojos, luego de unos segundos dijo, -¿Sabes? Yo creo que tu búsqueda es un tanto absurda-
-¿Absurda?- pregunta el Príncipe -Explicase dama mía, pues los oráculos y el vacío lo han dicho.-
Sofía vuelve a sonreír -¿Y porqué les crees?-
-Pues en mi vida he vagado por Trucka mi reino de Sueños y Fantasías y en el camino he aprendido en creer de los oráculos y nunca darle las espaldas a un duende.

Sofía se acerca, -Es absurdo que le creas a ellos, quizás eso te impide ver tu espejo, porque hasta yo lo puedo ver -Sofía apunta su ubicación, al lado del príncipe, sonríe de nuevo -¿Lo ves?-
-Pues es borroso, y no creo lo que veo, me confunde, me desorienta.-
Sofía toma el espejo del príncipe -Lo imaginaba. No me veo en tu espejo- Le pasa el espejo -Trata de buscar tu reflejo... Esta ahí- ¿Ves? –
-Claro que veo, pues hasta ahora no lo podía entender. Creo que aun solo puedo ver nieblas... pero ahí estoy yo, nada más. Supongo que quería algo más. Supongo esperaba...
-¿Quieres ver más?- Le dijo Sofía. El príncipe no responde -Hay mucha gente que ni siquiera es capaz ni de verse en su espejo. Tú si. Aunque sólo veas nieblas, aunque sólo creas que te ves. ¿Que más buscas? –
- No lo sé, quizás saber hacia donde ir, ¿hacia donde vas tu?
-¿Yo?- Silencio. -Creo que nunca lo había pensado, sólo seguía mis pies... -Sofía mira sus pies como esperando que ellos respondiesen la pregunta. Silencio -No, no sé a donde voy... Pero sé que me estoy retrasando. ¿Y tu?-
-Un espejo que me diga hacia donde debo ir. Quizás un susurro que me de la respuesta… Quizás al vacío para hacerle compaña.
-Pero... ¿No lo dejaste ya solo?
-Es verdad... No lo había visto, no lo había notado... Le he dejado solo.
-Ya debe estar acostumbrado... Todos van con él, pero nadie se queda a hacerle compañía, en especial en las noches... Es muy miedoso, ¿sabías?
-No, no lo sabia... ¿Sabe más sobre él?
-Mucho, y a la vez nada... Él es algo pero también es otra cosa, y también es nada... Es muy soñador si, siempre cree que todos los que van con él se quedarán un rato más... Pero la gente es tan ciega.
-Pero quizás el no los detenga... Yo detengo a la gente que quiero a mi lado.
-Quizás no puede detenerlos
-Si el me hubiese dicho que mi compañía seria mi propio reflejo, me hubiese quedado con él para siempre, pero nada dijo cuando me di la media vuelta.
-Quizás quería que tú te dieras vuelta... Además no es muy lindo que se queden contigo por un fin en que solo uno esta interesado.
-Pues eso no lo sabe él, el no sabe que he ido a buscarle a ese lugar siempre creyendo que existía, siempre creyendo que estaría ahí, y ha estado en ese lugar, quizás no para mi desde un comienzo, pero me sentí tan acompañado cuando su voz he escuchado, y dime Dama de un mundo distinto ¿cómo he de saber lo que otros han de sentir y desear?
-Cierto, pero él es muy ingenuo... Cree que todos nos parecemos o somos iguales. Aunque, si querías estar con él, si realmente te sentías bien, ¿porque te fuiste?
-A buscar el espejo en que me dijo me mirase, pues antes de hacerlo iba a volver por mis cosas
-¿Y no lo podías encontrar con él?
-Pues no lo sé.
-No has tenido problemas al encontrarlo, podías haberlo hecho solo, ni yo te he ayudado
-Entonces he de volver.
-¿Y que le piensas decir?
-Que me he visto en el espejo y lo que encontrado ha sido lo de siempre, fue así como he ido por otros reinos a buscar un nuevo reflejo pero el mío ha sido siempre el mismo, solo ha cambiado cuando he llegado a este cuarto, el cuarto de la dama que me mostró la verdadera forma de mirar el espejo, y me he visto, y le he visto.
-¿Y que más?
-Que le acompañaré, hasta que se acaben sus días, pues cuando yo este con él vacío ya no será más vacío.
-¡¡Entonces, no veo que estas haciendo acá!! ¡Anda a verle!
-Pues no quiero dejarte, ¿por qué no vienes?
-¿Yo?
-¡Si tú!
-Es que hace mucho que no voy a verlo... ¿Y si no me recuerda?
-¿Por qué le has dejado tú? ¿Si sabias sus dolencias?
-Es que yo no fui a verlo, él se me acercó... Como me pareció extraño simplemente le preguntaba cosas, hablamos mucho tiempo, pero... Recuerdo que me dijo que era mejor que me vaya, y me fui... Si, ahí estuvo mi error.
-Oh... Entonces he de volver, ten suerte, antes de irme debo preguntarte ¿cómo ha de continuar todo?
-¿Y porqué he yo de saberlo? -Sofía sonríe -¡Ándate antes de que se te haga tarde!
-Un gusto
-Un placer..."

Y fue en ese momento en que el cuentacuentos le dijo a la pequeña Sofía...
-Quizás porque tú eras la narradora...-
-Pero, profesor, ¿quién dice que soy omnisiciente? -
-Y, pequeña, ¿quien dice que no lo eres? -

Colectivo


-¿Cómo estás? ¿Cómo te ha ido? ¿Todo bien?
-Si, bien, gracias.


La respuesta más tonta que he tenido que dar. Pues no, querido, no me ha ido nada bien. Entre estudios entre malos amigos, cómo que falta el ánimo, el deseo. No. ¿Sabes? No me ha ido nada de bien. No quiero despertar y mi cuerpo no quiere ni reaccionar. Si se quiere caer, se caerá, yo ya no tengo fuerzas para impedirlo. Sostenerme. Es mejor no esforzarme, que si lo hago podría hasta caerme con él.

Pensar cada noche en morir y ya sin despertar. Pero a pesar de toda la constante lucha y el cansancio, ja, no quiero. No quiero dejarme ir. No quiero perder el control. No quiero morir. Es solo que no quiero seguir tan viva. Menos pasión. Menos.

Pero me han dicho, incontables veces que nunca se puede tener todo lo que se quiere. Vale, es justo, me parece, lógico. Yo puedo.

Espiro.

No, no, Pedrito. No va todo bien. Pero, ¿para qué quieres oírlo? No me gusta lastimarte con mis llantos. Aun así, escucha, no voy a llorar. Así que tú tampoco.
Ven, sonríe. Y cuando yo te pregunte con la sonrisa más cínica de todas...
-Juanito, ¿cómo te ha ido?
"Bien", me dirás.

Y así nadie saldrá herido.

Cartas a Victoriano II

-Ya, cuéntame de tu vida... -
-¿Y para qué quieres saberla? -
-Para conocerte, claro está -
-Estaría haciendo tus deberes, querido -
-No pienso lo mismo. Creo que lo mejor es que me cuentes tu vida, te cuento la mía. Nunca sería capaz de conocerte solo con tu pasado. -
-...Está bien. Sólo porque me has ruborizado. ¡No te rías! -

Yo nací muy lejos de aquí. Al sur, muy al sur. Según mi ficha de nacimiento fue como a las
14:45 de un jueves 4 de Junio, 1992. Cuando veo las fotos mías de ese día me horrorizo. Ningún bebé recién nacido es lindo; yo era negra...

-¿Negra? ¿Tú? ¿La dama que no conoce el sol? -
-Cállate, Victoriano y déjame continuar -

Nací con un peso normal, quizás un poco bajo a mi talla, pero de todas formas las primeras semanas seguía bajando y bajando. Hasta que la pediatra le dijo a mi madre que su leche no era muy rica para mí. Así fue como empezó una vida sin mucho vínculo cariñoso madre-hija.

Esa vez fue una de las pocas en las que bajé de peso, en toda mi vida. Y creo que cada una ha sido traumante. Mi vida está, tristemente, ligada a la comida.

Mi viejo murió antes de que yo cumpliera 2 años. Hay veces en que creo que lo recuerdo. Hay otras en que creo que lo siento. Toda mi infancia y gran parte de mi adolescencia lloraba por él. Te juro, Vic, que era estilo de acostarme esperar que la casa se callara y ponerme a llorar, mordiendo la almohada. No hubo noches en las que no llorara. Si bien por mi papá o quizás también por Daniel Radcliffe.

Otro de mis grandes problemas de pre-puberta, puberta, joven, adulta es mi magia. O sea,
para que te digo, me enamoraba de cualquier cosa, creía que podía tener cualquier cosa. Me quedaba dormida soñando con cómo iba a ser mi vida futura. Soñar y creer en Peter Pan, en Digimon, Pokémon, vampiros y hadas no eran fantasías, era pura realidad.
Y en ese tiempo darme cuenta de que en realidad, lógicamente, nunca voy a conocer a
Daniel Radcliffe, o a ti, Victoriano, menos ser su amiga, menos ser algo más que amigos. Me terminaba matando en las noches.

Soñaba con eso incluso cuando estaba despierta. Incluso cuando tenía al amor de mi vida.
Nunca si, al lado mío, me sentía infiel pero si... Si pensaba en ello en las noches.

Gorda, pesada, hija única mimada me crié y llegué así a la escuela. Básica en esos tiempos. Desde los 5 a los 14 años. En una escuela maravillosa, donde aprendí además de leer y escribir, a expresar todo lo interior en un papel.
Recuerdo un día, de hecho, recuerdo exactamente donde estaba ese día y el momento en
que tomé la decisión de cambiar. Hacerme más sociable, simpática, sin ruborizarme por
pararme en frente del público, hablarle al chico que me gustaba... ¿Sabes porque lo hice? Porque siempre pensé que mi misión era cambiar al mundo, pero cómo iba a cambiar si yo no lo hacía. Y eso. Cuando me llegó esa epifanía de "tu, mujer, cambiar al mundo debes" tenía no más de 10 años.

Llegué a la media con 14 años cumpliendo 15. Y terminé a los 17. En ese país uno el año en que termina media da una prueba de selección para entrar a la universidad. Yo quería estudiar enfermería. Me fue bien, no espectacular pero pude entrar a lo que quería.
En media conocí a mi primer novio, a mi segundo novio, a mi príncipe azul y a mi media palta.

Todo en 4 años.

Mi primer novio fue significante porque más que novio, fue mi mejor amigo, le di mi primer beso y el me dio a mi el suyo.
Mi segundo novio fue un desastre. Ja, pero uno digno de recordar.
Mi príncipe azul fue encantador. Me enseñó tantas cosas. Él es parte de mis días hasta hoy y siempre lo será. Me enseñó que no está mal creer. Que existen las cosas. Y la magia. Me dio fe. Me entendió.
Mi media palta o media naranja fue mi tercer y último novio. Mi primera vez. Mi primera y
única relación adulta y madura. Crecí con él. Estábamos listos para el altar y las argollas.
Habíamos cumplidos más de 3 años juntos. Y se me ocurrió venir hasta aquí.

Bueno, mi sueño principal siempre ha sido ir a Disneyworld. Luego ayudar a la gente. Y el
sueño que llegó al final fue viajar por mi país, por el mundo. Así que opté a una beca de
intercambio internacional. Me la dieron.

Justo antes me hablaste por primera vez. Publiqué en twitter que necesitaba un lugar para
quedarme mientras vivía con becas, ya que no quería quedarme con las monjas de la iglesia. Y tú dijiste que me aceptabas. Que la pieza era chica. Que dormiría en un sofá. Que casi no había cocina. Pero quedaba cerca de la facultad. No estaba encerrada. Y era independiente, al fin. Acepté.

Y te conocí con tú cámara y tu época de video reportajes. Te gustó hablarme y preguntarme
cosas que yo podía responder con dificultad. Empezamos un corto. Nos hicimos amigos. Nos estamos amistando cada vez más. Mi beca ya no dura un semestre si no que un año. Y estoy optando a más y más becas. Trabajo medio tiempo en una cafetería para que no falte a fin de mes.

Piensas mudarte a un lugar más grande. No, estoy bien aquí. El sofá es cómodo, digo una y otra vez. Salimos en bicicleta los fines de semana que no te vas a tu casa. Comemos frutas y papas con arroz. Bajo de peso cada día. Me gusta trotar en las mañanas y tomar agua. Me adelanto en mis materias para ser siempre la mejor. Me gusta estudiar. Y estudio.

Un día me invitaste a un viaje en tren por todo el oeste. Y con tu cámara filmando me dijiste
que te contara mi vida completa. No, no. Que es larga, soy vieja, no alcanzaremos. Pero,
increíblemente me convenciste. Y mi vida se hizo más corta de lo que esperaba. Me perdí en algunos detalles. Se me olvidó contarte mis traumas grandes. Pero, claro, no me ibas a
conocer enseguida. Y tú ya lo sabías.

Entonces, ¿Por qué, Victoriano? ¿Por qué me preguntaste por mi vida?

Cómo nos conocimos

Cómo nos conocimos
Por: Anezma Black

Había una vez un muy afamado hechicero, él podía cambiar el clima, hacer revolver el estómago, despertar a las avecillas, cambiar el futuro, casi de todo, era muy poderoso y por eso todo el mundo quería dar con él, pero no era tan fácil, no, claro que no... El hechicero sabía bien como esconderse de todo el mundo, se escondió de las princesas locas en busca de su ayuda para encontrar a sus príncipes, se escondió de la policía, de los perros, de la iglesia, hasta del sol se ocultó. Solo los con corazón noble y que necesiten realmente verlo, lo encontrarían.

Así fue como una ordinaria campesina dio con él, aunque de ordinaria quedamos cortos, ya que ella realmente trabajaba para un viejo mafioso, de carácter horrible que la mandaba a buscar fresas, conejos y manzanas encantadas al bosque. Ahí se pilló con la cabaña del mago.

La campesina tenía un buen corazón, trabajaba para ese viejo solo para tener dinero suficiente para pagar lo que quería: felicidad, obviamente el viejo la engañó ya que nunca le dijo que la felicidad no se busca afuera sino que adentro de uno, pero la niña era ingenua y le creyó.

Cuando el hechicero la vio venir (días antes de que llegara) se asustó, pensó que su escondite había fallado, ¡pero eso era imposible! así que decidió conocerla un poco más, algo tenía esa chica que la trajo hasta su casa, esa era la pregunta y él iba a encontrar la respuesta.

En cuanto el hechicero la vio cara a cara, la sintió más cerca de lo que realmente estaba, la muchacha empezó a hablar y eso fue lo que más sorprendió al mago. Tenía una conversación exquisita, era dulce, ingenua, poderosa... No entendía porqué trabajaba para esa artimaña.

La chica le pidió ayuda, ya que necesitaba de un mago. El hechicero, disfrazado, dijo que la acompañaría en su búsqueda. Así fue como caminaron y caminaron, por mares, ríos y lagos. Luego de un tiempo el mago había olvidado que solo tenía que estar con ella por poco tiempo, podía causar problemas si la conociese más de la cuenta, pero no le importó. No quería alejarse de ella. Hasta que la muchacha se enamoró del hechicero, tímidamente se acercó para confesarle su secreto pero como nuestro mago era uno muy experto, lo vio en su bola mágica y antes de que la chica dijese una palabra, se fue.

La niña estaba desconsolada, no sabía a donde ir, qué hacer, no podía volver a trabajar con el viejo mafioso, no podía volver a su aldea, no podía siquiera volver a su propia vida... Se la había dado a él. Pero había algo que ella aun no le regalaba, estuvo a punto de hacerlo, pero como era tímida decidió guardarlo hasta el final. Ahora ella se agradecía de sus actos, tenía su bolsa muy bien cuidada, la había cocido y remendado para dársela con orgullo al mago, para que no se la rechazara. Pero no alcanzó a dársela. Así que guardó su bolsa entre sus manos, y se sentó justo afuera del túnel que había tallado ella misma, y esperó.

Mientras tanto el mago volvió a su casa y se dio cuenta que todos sus muebles, todas sus riquezas, todos los regalos que le habían dado por su servicio y que fueron por mucho tiempo sus únicos tesoros, ya no significaban nada. Tenía otro tesoro aun más importante: Ella. Pero, ¿como volver? Si ya se había ido, ya la había hecho sufrir demasiado, lo sabía. La podía ver llorar y dormirse y luego despertar para seguir llorando abrazando a esa hermosa bolsa con todas sus fuerzas. ¿Porqué hacerle daño de nuevo?

Pasó mucho tiempo y su vida no tenía sentido, sin ella. Ella le enseñó como era vivir en lo que pasaba en lo que sentía y no solo pensar en como se vivirá años más tarde. Ella era única y especial. Nunca debió dejarla. Nunca debió alejarse. Quizás sea un poco tarde para volver, quizás ella ya lo olvidó, quizás ella esté muerta, claro, como todo humano. Pero no podía quedarse sentado a los pies de su puerta sin hacer nada más. Decidió salir a buscarla.
Pero cuando llegó a la puerta de su túnel y la vio... No pudo acercarse más. Se volvió a esconder, esta vez en un lago, esperando que ella lo mirase de lejos y lo reconociera. ¡Pero es que estaba tan cambiado! Se había encogido, era verde, y húmedo. Como una rana.

Y la rana, un día vio a un Pato, sentado cerca de su ojal. El mago estaba perdido, no sabía que hacer, ni que mirar, a quién amar. Si seguir esperando si salir a buscar... Que cuando el Pato gentilmente le abrió sus brazos, él aceptó y se enamoró.

Vivió muy bien por, quizás cien años más hasta que escuchó una risa. Una hermosa risa sonando en sus oídos. La había escuchado antes, pero pensaba que se había perdido. ¡Era ella! Su otra ella, su primera ella. Y estaba riendo... O quizás solo era un recuerdo. Pero cuando la rana se enderezó vio que su Pato se había convertido en un hermoso Cisne y que ya estaba demasiado lejos para él. Volvía a estar solo.

Como no le quedaba nada más, ya había llorado lo que tenía que llorar. Siguió esa risa, y justamente en donde estaba la puerta de un túnel que él ya había visto, la encontró.

Tenía su bolsa aún en sus manos, pero ellas ya no estaban tensas. Sus ojos ya no estaban brillando del llanto, si no que brillaban de dicha. Y sus labios estaban abiertos, en una gran sonrisa. El mago se animó. Era ella y estaba bien, quizás ya lo había visto, quizás ya lo había escuchado.

Estaba tan extasiado que no fue si no cuando se fue acercando cuando se dio cuenta de que su flor no estaba sola. Había un muchacho sentado justo a su lado, abrazándola, acompañándola. Probablemente él no sabía a quien esperaba la chica, pero es que la chica ya había dejado de esperar. Solo se había acostumbrado a estar sentada.

La rana se quedó congelado cuando vio las manos de ella, con su bolsa, acercándose a las manos del chico. Esa bolsa, ese tesoro ya no le pertenecía nunca más. Ni a ella tampoco. Era un regalo, un gran regalo que por mucho tiempo iba dirigido a él pero que ahora su destinatario era otro... El muchacho a su lado.
Desesperadamente la rana tomó su varita, y ejecutó su último hechizo...
“Una vida eterna para nosotros. Para que nos volvamos a ver, en esta y todas las próximas vidas que tengamos...”


Fin

Pero como el mago había dejado la práctica de hechizos, quizás su conjuro no solo atrajo a la muchacha si no que también al chico. Y es por eso que aunque pasen un millón de años, aunque las estrellas y los planetas y todo el universo se unan para darle un buen final este siempre será el mismo.

Fin.

Carta a un amigo sobre mi mejor amigo

Es triste porque realmente me gustaría, me encantaría volver a tenerlo. Pero no sé puede.
¿Por qué no se puede? Pues porque a los tontos se les ocurrió besarse en vez de abrazarse para demostrar cariño.
Y si me lo preguntan, ¿era esa una relación? Si, claro que lo era, y muy linda además, pero
definitivamente no una relación de pareja.

Nuestro noviazgo fue muy corto, y la mayoría del tiempo se gastaba en hablar, charlar, la
volada de la vida y esas cosas.

Es triste, Victoriano, porque por esos dos meses ya no podemos seguir siendo amigos.
Porque ahora siempre va a estar eso de “es mi ex”, ¡siendo que es tan tonto! Porque en
términos concretos, él fue más mi amigo que mi “ex”. ¿Por qué pesa más ese tipo de
relaciones que las de amistad? ¿Qué te dejó cada una? ¿Por qué una sobresale a la otra?
¿Y alguien recuerda que fuimos amigos? ¡No! Solo es mi ex.

Pero, ¿sabes? Creo que yo tengo la culpa. Porque le lancé una cantidad de palabras
horribles, prácticamente le embotellé un odio que en verdad nunca sentí y se lo regalé con
cintita. No me arrepiento de eso. Y no es por orgullo. Es porque sé que necesitaba buscar una manera de decirlo en voz alta, de expresarme, aunque sea exageradamente. Tan solo que me hubiese gustado haber pensado más y darle esas confesiones sólo a los más cercanos, y no al mundo entero. Problema 1 de la globalización.

Por último, Vic, si los dos quisiésemos volver a ser amigos. Por último haríamos un intento, y si ya bueno, las cosas se ponen raras o no estamos cómodos, qué lástima, pero se trató.
Sin embargo siento que soy la única interesada. Siento que soy la única a quién le importa.
Eso es lo triste. ¿Realmente soy tan poca cosa, signifiqué tan poco, que ni siquiera sirvo
para salvar una hermosa amistad? ¿O acaso soy yo la única tonta que encuentra que ESO sí era una hermosa amistad?

Es que él fue mi primer mejor amigo, masculino. Y el primero en valorar tanto como lo hacía
yo la amistad. Yo me decepcioné y entristecía ver que mis relaciones con los demás no eran recíprocas, y a él le pasó lo mismo. Pero no era la culpa de los hombres de mi pasado, no es que no fueran amigos míos es que solo eran compañeros. Porque es distinto. Con el
compañero uno se ríe, la pasa bien, y si te cuenta sus problemas es simplemente porque… Estabas justo ahí en ese momento. En cambio el amigo… El amigo te busca para decirte
que le pasa.

Es tan, tan lindo cuando tu amigo te llama, te busca o simplemente se cae y se afirma en tus hombros. Bueno, no es que sea “lindo” ver a un amigo llorar. Es abrumante. Pero el hecho de que esa persona confíe tanto, tanto en ti, como para necesitarte… Es lindo.

¿Qué si yo me he caído en alguien más?
Sabes, Victoriano, que hace tiempo me era muy sencillo. Ahora simplemente no puedo.

¿Qué si me gustaría?
Me encantaría. Pero no sé que parte de mi cuerpo falla a la hora de confiar en ese aspecto.
Estoy rara, estoy muy cambiada…

Curioso. Quizás solo quiero traerme de vuelta.



19/Oct/2009

Appendix

Yo

Blanca

Author:Blanca
No me llamo Blanca. Y todos los nombres y ciudades que escriba no son reales. O no existen, al menos, en esta realidad.